Internacional

¿Cómo convertir un rechazo en una ventaja estratégica para la siguiente convocatoria?

Recibir una resolución negativa tras meses de trabajo invertidos en una convocatoria europea genera un impacto difícil de digerir. En el ámbito de la I+D+i, la primera reacción suele ser el repliegue. Se suele archivar el documento, disolver el partenariado de forma tácita y asumir la pérdida de recursos. Sin embargo, en el contexto de programas altamente competitivos como Horizon Europe, esto puede ser un grave error.

Una memoria técnica elaborada para una gran convocatoria no tiene que ser un trámite caducado. En todo caso, es un concentrado de inteligencia estratégica. Contiene un reto de mercado perfectamente argumentado, una hoja de ruta tecnológica, un modelo de gobernanza, una alianza internacional prevalidada y una estrategia de impacto. El factor diferenciador en este caso es tratar la notificación como una cartera de activos reutilizables.

Preservar y valorizar el activo creado

El error operativo más extendido tras recibir el Evaluation Summary Report (ESR) — concepto que es utilizado para muchos de los programas—  es limitar su lectura a una búsqueda de consuelo o a una queja formal sobre el criterio de los evaluadores. La Comisión Europea emite este informe de evaluación con un propósito que trasciende la justificación administrativa. Sin lugar a dudas, constituye una fuente externa especialmente valiosa para entender cómo ha sido percibida la propuesta por los evaluadores y qué elementos han limitado su competitividad.

En convocatorias en dos etapas, la canalización del feedback sigue dinámicas particulares donde el informe y las observaciones recibidas deben interpretarse conforme a las reglas específicas de la convocatoria. Independientemente del instrumento, el principio rector debe ser la valorización. Al margen del resultado económico inmediato, la candidatura puede haber generado un mapa de competidores, evidencias de viabilidad, arquitectura de datos, compromisos previos con clientes o usuarios finales y una primera identificación de barreras regulatorias.

Esto puede llevar a la empresa a centrarse en los activos que se han consolidado durante el proceso, y cuestionarse qué brechas ha detectado el proceso de evaluación y qué ruta de financiación, explotación o posicionamiento ofrece el mayor retorno para el consorcio a partir de este momento.

Diagnóstico inmediato

Como práctica de gestión, conviene iniciar la revisión durante las primeras semanas posteriores a la notificación. Retrasarla puede provocar una pérdida de conocimiento tácito, la desmovilización del partenariado y el riesgo de que la siguiente ventana de oportunidad sorprenda a la organización sin una estrategia preparada.

El análisis requiere distinguir tres niveles conceptuales para evitar decisiones precipitadas.

Nivel 1: el resultado

Consiste en la lectura cuantitativa pura. Se evalúa la puntuación obtenida y, cuando la información disponible lo permite, la posición relativa frente al corte. Una nota elevada sin financiación puede estar relacionada con la competencia presupuestaria, la posición en el ranking o las reglas de financiación aplicables a la convocatoria, mientras que una nota baja puede indicar que la propuesta necesita una revisión sustancial. Cada situación requiere un análisis específico.

Nivel 2: la causa

Implica mapear las brechas detectadas. Hay que diseccionar el ESR para aislar si los puntos débiles atañen a la excelencia técnica, a la falta de credibilidad en la implementación o a un impacto escasamente cuantificado.

Nivel 3: la respuesta

Es la toma de decisión estratégica. Traduce cada debilidad en un plan de acción con hitos, responsables y recursos asignados.

Durante este diagnóstico es crucial clasificar con precisión la naturaleza del resultado. Un proyecto muy bien valorado que no ha obtenido financiación requiere un análisis diferente al de una propuesta con debilidades estructurales. Una propuesta con el scope mal alineado exige una reorientación hacia programas nacionales, regionales o sectoriales como LIFE, Interreg o Digital Europe. En cambio, una propuesta inmadura demanda una fase puente de validación técnica antes de volver a competir.

Si la notificación sugiere posibles irregularidades procedimentales, puede analizarse la opción de solicitar una revisión formal conforme a las reglas de la convocatoria y del instrumento correspondiente. Esta vía está destinada a cuestiones relacionadas con el procedimiento de evaluación y no constituye un mecanismo para discutir simplemente el juicio científico o técnico de los expertos. Los plazos y condiciones deben comprobarse siempre en la documentación específica de la convocatoria y en la carta de resultado.

Para neutralizar el sesgo de proximidad que sufren los redactores de la propuesta, conviene someter el texto a una auditoría interna independiente. Un perfil ajeno a la preparación inicial debe auditar si la propuesta respondía con exactitud al destination (en caso de los Horizon Europe), si la innovación era realmente diferencial frente al estado del arte y si la asignación presupuestaria mantenía una coherencia directa con la distribución de paquetes de trabajo.

De la crítica al plan de acción: la matriz de respuesta

Un comentario negativo en el ESR no se corrige modificando dos párrafos el día antes de la siguiente entrega. Requiere construir una matriz de trazabilidad que conecte cada observación del evaluador con una causa raíz probable, una acción correctora y una evidencia objetiva que la neutralice.

Cuando un evaluador señala que el impacto carece de credibilidad, la causa raíz raras veces es un problema de redacción. En este aspecto, suele ser la ausencia de una línea base clara o la falta de evidencia suficiente sobre la adopción prevista. La acción correctora pasa  por incorporar evidencias proporcionales a la debilidad detectada: datos de mercado, validación con usuarios, pilotos, compromisos de adopción, análisis coste-beneficio, acuerdos de colaboración u otras evidencias verificables.

Asimismo, hay que aprender a interpretar las lecturas erróneas. Si un experto no entendió la metodología empleada, la responsabilidad estratégica recae en el proyecto: el texto no eliminó la ambigüedad ni jerarquizó la información de manera adecuada. Si varios comentarios apuntan a diferentes aspectos pero coinciden en la falta de claridad, existe probablemente un fallo en la arquitectura del relato técnico.

Una resubmission competitiva solo se justifica si responde a una hipótesis de mejora verificable. La organización debe preguntarse qué ha cambiado objetivamente desde la última entrega: un prototipo validado, un análisis de libertad de operación (Freedom to Operate) consolidado, la incorporación de un socio industrial clave o la adaptación a un marco regulatorio actualizado. Presentar esencialmente la misma propuesta con ajustes superficiales deja sin resolver las causas que contribuyeron al resultado anterior y limita la capacidad de la nueva candidatura para diferenciarse.

Rutas para maximizar la rentabilidad del esfuerzo

Volver a la misma convocatoria es solo una de las opciones disponibles. La dirección estratégica debe evaluar la madurez tecnológica, la urgencia de mercado y la cohesión del grupo de trabajo para seleccionar la vía de mayor retorno.

La resubmission mejorada es la ruta natural cuando la puntuación se situó cerca del umbral de corte y el proyecto conserva plena vigencia. Exige reforzar los puntos débiles identificados en el ESR mediante la aportación de datos de ensayos previos, la revisión del cronograma de trabajo o la reestructuración del consorcio.

Si el encaje temático falló pero la tecnología es sólida, la reorientación hacia otros instrumentos de financiación ofrece una salida ágil. El núcleo metodológico de la propuesta puede adaptarse a convocatorias de compra pública de innovación, programas regionales de I+D+i, proyectos de demostración medioambiental o mecanismos de cascade funding, cuando estén disponibles y sean compatibles con el proyecto. Modular la propuesta implica separar los componentes de investigación pura de los de escalado e inversión, asignando cada bloque al financiador adecuado.

Cuando el freno principal es la falta de madurez técnica o comercial, la estrategia puede pasar por articular una fase de maduración intermedia. Financiar un pilotaje a menor escala, un estudio de viabilidad o la obtención de métricas de rendimiento a través de recursos propios, incentivos fiscales o acuerdos con clientes ancla permite construir la evidencia empírica necesaria para concurrir de nuevo con una candidatura más madura.

Por último, conviene recordar que la Comisión Europea define la explotación como el uso de los resultados para desarrollar, crear, fabricar o comercializar productos, procesos y servicios, así como para alimentar otras actividades de investigación e innovación o procesos de normalización. Este marco se refiere formalmente a los resultados de las acciones financiadas, pero el principio de identificar y valorizar activos puede trasladarse al análisis de una propuesta no financiada. Una metodología de monitorización diseñada para la memoria técnica puede comercializarse como un servicio de consultoría especializada; un estudio sectorial avanzado puede transformarse en un informe de inteligencia competitiva; y una arquitectura de software puede licenciarse como módulo independiente.

El consorcio como estructura de capital relacional

El valor de un consorcio internacional excede el mero cumplimiento de los criterios de elegibilidad. Constituye un activo de confianza, infraestructura, acceso a datos y representatividad en el mercado. Tras recibir una negativa, el peligro más inminente es la dispersión de los socios y la disolución del capital relacional acumulado.

En las semanas posteriores a la notificación, el coordinador debería convocar una sesión de decisión estratégica. El objetivo es estructurar un orden del día orientado al negocio: presentar los datos objetivos del ESR, inventariar los materiales generados, fijar un calendario de trabajo y acordar la continuidad de la alianza.

Si la evaluación señala lagunas en la capacidad de ejecución o en la ruta de mercado, la reconfiguración del consorcio debe abordarse sin reservas. Sustituir o añadir un integrante tiene sentido cuando el nuevo perfil aporta una competencia crítica: acceso a entornos reales de prueba, capacidad de escalado industrial, dominio regulatorio o representatividad sectorial. La incorporación de organizaciones de prestigio sin un rol operativo claro entorpece la gobernanza y reduce la credibilidad del plan de trabajo.

Cuando exista intención de reutilizar conjuntamente los activos o desarrollar una nueva candidatura, puede ser conveniente que los socios principales acuerden por escrito un marco básico que regule la confidencialidad de la información compartida, establezca las condiciones de reutilización de los textos y diagramas creados, y ordene la titularidad del know-how previo y de los materiales generados durante la preparación. Esta disciplina organizativa, habitual en los acuerdos de consorcio de proyectos financiados, puede prevenir conflictos futuros y facilitar el uso de los activos en iniciativas derivadas.

Protección de la propiedad intelectual y desarrollo del impacto

La urgencia por buscar alternativas de financiación no debe eclipsar la protección del conocimiento. Antes de presentar la propuesta a potenciales inversores, clientes o nuevos socios, es recomendable realizar una auditoría de propiedad intelectual y confidencialidad.

Diferenciar el conocimiento previo de cada participante de los materiales, desarrollos, datos y demás activos generados durante la preparación del proyecto permite determinar qué elementos deben protegerse y cuáles pueden reutilizarse. Difundir soluciones técnicas o algoritmos sin evaluar previamente su protección puede comprometer la novedad y limitar las opciones de protección mediante patente en determinados territorios.

Paralelamente, la reconstrucción de la propuesta exige diferenciar entregables, resultados, outcomes e impactos y transformar los resultados con potencial de explotación en rutas concretas de valorización. Un proyecto no genera impacto por el mero hecho de desarrollar una plataforma o publicar un manual. El impacto real se demuestra articulando la cadena completa: la herramienta integrada procesa métricas operativas, los usuarios finales la adoptan en su rutina diaria, el cliente reduce costes medibles y la solución escala a través de licencias o acuerdos comerciales. Cada eslabón de esta cadena debe respaldarse con datos, indicadores de rendimiento (KPIs) y líneas base cuantificadas.

Un marco temporal para la recuperación

La capitalización de un rechazo requiere sistemática. Organizar la respuesta por horizontes temporales garantiza la ejecución de las mejoras sin colapsar la operativa habitual de la empresa.

Primeros 15 días: Diagnóstico y custodia

Analizar el ESR, elaborar la síntesis ejecutiva, constituir la matriz de respuestas, asegurar el repositorio de documentación y congelar la difusión externa de información sensible hasta revisar la propiedad intelectual.

Primeros 30 a 60 días: Auditoría y alianzas

Completar la auditoría interna independiente, evaluar convocatorias alternativas, contactar con clientes o administraciones para recabar evidencias de interés o compromisos reales y rediseñar la arquitectura modular del proyecto.

Entre 3 y 6 meses: maduración y contraste

Ejecutar ensayos o pruebas clave para elevar la evidencia técnica, reescribir la memoria desde su concepción metodológica, actualizar el modelo económico y someter el nuevo borrador a una evaluación simulada con expertos externos.

Entre 6 y 12 meses: presentación y consolidación

Concurrir a la nueva convocatoria seleccionada, desplegar una estrategia de financiación diversificada —subvenciones, incentivos fiscales, inversión privada u otras fuentes compatibles— y consolidar el partenariado como una alianza estratégica permanente cuando exista un interés compartido.

Monitorear este proceso mediante indicadores específicos —porcentaje de observaciones del ESR corregidas, incremento de métricas técnicas, acuerdos de transferencia logrados o fondos alternativos movilizados— transforma la cultura de la organización. La innovación deja de ser una apuesta aleatoria dependiente de una resolución administrativa para convertirse en un proceso continuo de acumulación de activos.

 

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